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Por qué jugar al golf

Es cierto que no es el primer deporte que nos viene a la cabeza. La omnipresente presencia del fútbol hace que éste desbanque a la mayoría de los deportes; a cierta distancia de él están el baloncesto, el tenis (el pádel entre los adultos), el atletismo… Así que los padres de la mayoría de los menores españoles se inclinan en ocasiones por estas primeras referencias, cercanas y accesibles, sobre las que personalmente no tengo ninguna reserva; todo lo contrario.

Todo lo que sea mantener a los más jóvenes dentro del circuito del deporte es hacerles crecer en los valores tanto sociales: respeto, amistad, competitividad, trabajo en equipo, expresividad, convivencia como en valores personales: autodisciplina, creatividad, autorrealización, habilidad y espíritu de sacrificio, entre otros. Pero y aquí si pongo un pero, porque considero que el golf es la modalidad deportiva que más valores conlleva. Y que es capaz de trabajar en un mismo entorno, tanto el yo (el trabajo personal e individual) como el trabajo en equipo (a través de sus diferentes modalidades de juego) y de incorporar incluso bajo una misma bandera (por ejemplo la Europea) diferentes identidades (caso de la Ryder Cup en la que el equipo europeo esta formado por jugadores de diferentes países), como ejemplo de convivencia y entendimiento.

Quizás todo esto no sea suficiente para que una persona se incline por iniciarse al golf. Desplazarse a una cierta distancia para practicarlo o encontrar el tiempo suficiente para ejercitar una serie de aspectos del juego pueden ser a priori una cortapisa. Pero por el contrario, si nos iniciamos en el golf, encontraremos el espacio en el que no solo disfrutaremos de un entorno cuidado y amable que generará en nosotros un estado de bienestar sino que propiciaremos en nosotros y en nuestra familia el aprendizaje de un deporte que podremos disfrutar juntos durante muchos años. Una de las mayores alegrías de este deporte es ver a dos y tres generaciones juntas, jugando al golf. Abuelos, padres e hijos que disfrutan de tiempo justos, jugando y… ¡hablando! Porque no hay deporte como el golf que propicie e incentive la posibilidad de comunicarse y por lo tanto de conocerse más y mejor; ya sea tratando cuestiones de juego como otras de índole personal.

Iniciarse en el mundo del golf es formarse como persona; crecer como individuo y hacerlo de la mejor manera posible. Desde la honradez, el esfuerzo y la humildad.

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